ALGO DE LO POCO QUE HE APRENDIDO (Y TAL VEZ MAL)

ALGO DE LO POCO QUE HE APRENDIDO (Y TAL VEZ MAL)

El profesor  RAMÓN-BAYÉS ALGO-DE-LO-QUE-HE-APRENDIDO UAB escribía en “Cuadernos de Psicología” hace poco que: 

Cuando en nuestra vida acaece un suceso inesperado… tenemos que aceptar la realidad, de golpe, entera, tal como se presenta, y afrontarla como si se tratara de una poesía de Machado, un hermoso atardecer o una sinfonía de Mahler.

Después de un análisis sobre las cosas que aprendemos y de sus métodos, de la suerte… señala otras cosas que ha aprendido o creído aprender y que yo quiero recordar aquí por su carácter:

lo aprendido

  1. “Gracias a San Agustín (Siglo V), que “los tiempos no son: presente, pasado y futuro, sino presente de las cosas presentes, presente de las cosas pasadas y presente de las cosas futuras”; es decir, que lo único que de verdad tenemos y podemos controlar es el presente: el aquí y el ahora…
  2. La importancia del sufrimiento que engendran los tiempos de espera indeseados (Bayés, 2007) y la paz que suscitan los tiempos sin actividad deseados, como la meditación y desapego en los budistas (Blair, 2017) o el sabbath en los judíos ortodoxos (Sacks, 2016).
  3. Que lo verdaderamente importante para que un individuo disfrute de una vida plena es encontrarle un sentido y disponer del grado de autonomía necesario para  hacer las cosas que de verdad le importan. Si te encuentras en esta situación,  aunque seas ciego, tengas que moverte en silla de ruedas, estés aquejado de ELA o seas un anciano, en lugar de celebrar cumpleaños, vive y olvida tu edad. La plenitud de una vida no se mide por su duración sino por la calidad de algunos momentos de claridad.
  4. La persona no es su cuerpo, su cerebro, sus antepasados, el color de su piel, su lenguaje, su país; no es el motor, la carrocería, la marca, el equipaje, el itinerario, la carretera, los compañeros de viaje… Todo esto configura y permite que exista la persona pero no es la persona. La persona no tiene “res extensa”. La persona es un viaje, un viaje único e irrepetible que empieza al nacer y termina cuando los que te sobreviven, una vez hayas muerto, dejan de pensar en ti. Cada viaje es distinto y cambiante; es imposible la existencia de dos viajes iguales.
  5. Que es más importante escuchar que decir. Es esencial, saber escuchar activamente. Pero, paradójicamente, una sola palabra pronunciada en el momento oportuno puede cambiar el curso de una vida (Bayés, 2016)
  6. Que la meditación sobre la muerte y el perdón son caminos hacia la libertad.

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